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la familia.

La familia, comunidad de amor y de vida
Queridos amigos Paz y Bien.
Hoy nos detenemos para reflexionar sobre la familia. Y miramos hacia el hogar de Nazaret. Y esa realidad, de dónde venimos, tiene como base el amor. Hay un mandamiento que pide respeto por nuestros padres. San Pablo destaca las virtudes y valores familiares, agregando este consejo: “Sopórtense mutuamente, perdonen cualquier agravio que tenga el uno contra el otro” (Colosenses 3,12).
Recordando a María, José y a Jesús, es oportuno renovar el aprecio, solidaridad y amor que debe florecer en todo hogar. Toda familia que desea ser feliz tiene que procurar con ser una comunidad de fe: donde se respira la presencia de Dios, donde Él es uno más del equipo. Se lo consulta, se lo tiene en cuenta y se trata de conocerlo cada día más y mejor, ya que no se puede amar lo que no se conoce.
La familia es una comunidad de oración, de diálogo con el Creador: por eso ya desde el regazo materno y paterno, se lo comienza a conocer, a respetar. Cuando se ora y medita en familia, se alcanza un equilibrio de vida.
Cuando Dios tiene su lugar en el hogar, aprendemos a desprendernos de muchas cosas que no son tan necesarias como creemos. Cuando la Buena Noticia de Jesús no es sólo un adorno, sino un libro de consulta y oración, todo resulta más fácil.
La familia es una comunidad de amor: allí los esposos se respetan, se quieren, se ayudan, se perdonan. Cuando los hijos ven esto, sin escuchar gritos ni reprimendas, insultos y frases fuera de lugar, descubren a Dios que ha creado todo por amor y con amor.
La familia es una comunidad de amistad: si papá y mamá se muestran comprensivos, abiertos y caritativos frente al dolor y angustia del prójimo, los hijos tratarán de hacer lo mismo, donando tiempo y talentos en favor de tantos hermanos necesitados de paz, orientación y pan…
Jesús nos muestra el camino de la generosidad: “No he venido para ser servido, sino para servir y ofrecer la vida para la salvación de todos”.
Muchas veces escuchamos o decimos: “No tengo tiempo”. En familia siempre hay que tener tiempo para el esposo, para la esposa, para los hijos, para los abuelos… ¡Porque cuando se ama siempre se tiene tiempo!
Cuando se ama florece el cariño, el amor, el respeto, la superación. Cuando se ama de verdad desaparece el egoísmo y reina el perdón y la alegría. Si tenemos buena voluntad y esperanza, todo tiene solución. Si somos responsables, no buscaremos la culpa de nuestros males en los otros, sino en nuestra vida desordenada.
Si tenemos confianza en Dios, nunca nos sentiremos solos, y menos en familia. Porque “entre dos es más el gozo, duele menos el revés, Dios amigo para amigos, se les une y ya son tres”.
Que Dios te bendiga.
Padre Miguel Mufrege.

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