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amar y perdonar

Querdos amigos Paz y bien.
Amar y perdonar
Hablar del perdón resulta un tanto difícil cuando la persona no se despoja de sus sentimientos negativos y almacena dentro de su ser resentimientos y rencor hacia la otra persona, lo que a la larga termina haciéndole más daño a ella misma que a quien van dirigidos dichos sentimientos. A menudo la gente suele decir, perdono pero no olvido, como una forma muy cómoda de dar a entender que ha podido perdonar a la otra persona; resultando por demás contradictoria dicha expresión, puesto que, no puede existir el perdón si mantenemos viva la llaga del dolor.

Quien ama está siempre dispuesto a perdonar. Por la sencilla razón de que el amor auténtico es inmenso como el universo, no tiene límites ni fronteras, por lo tanto, no conoce de odios ni mezquindades. Por el contrario, el amor puro y verdadero todo lo tolera, todo lo soporta y todo lo perdona. El amor es paciente, es bondadoso.

El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
1 Corintios 13:4-7

Su corazón está abierto al diálogo y a la comprensión, y aunque quizás la otra parte no aporta a este entendimiento, guarda silencio y espera el momento oportuno para llegar al ser amado, aunque éste,- como en la mayoría de los casos – haya lastimado lo más profundo de su amor, no se irrita, espera, espera con paciencia.

Estas situaciones de incomprensión e intolerancia, y que llevan a la ruptura y destrucción de las relaciones afectivas en la pareja, entre padres e hijos, o, entre hermanos, familiares y amigos, tienen su raíz en la falta de afecto y de amor propio de las personas que las originan; o también en algunos casos por los exagerados estados anímicos rebeldes y dominantes de determinadas personas que no admiten otro punto de vista que no sea el suyo, y terminan lastimándose y agrediéndose mutuamente sin medir las consecuencias que esto acarrea, aunque después se dan cuenta de ello, pero aún así les cuesta mucho pedir perdón.

Pero, si solamente tuviéramos a Dios como el centro de nuestras vidas, nada de esto ocurriría, porque antes de hablar o discutir le pediríamos que Él gobierne nuestra lengua y ponga las palabras adecuadas en nuestra boca, y con su ayuda nos aseguraríamos de conectar bien nuestra mente, antes de echar a andar la lengua; ya que la palabra áspera hace subir el furor y se convierte en un dardo mortal, mientras que la palabra suave y razonada logra el acercamiento y entendimiento entre las personas, como la más sutil forma de expresar nuestro amor verdadero … porque quien ama, siempre perdona, perdona de corazón.
EL AMOR VERDADERO… EL AMOR DE DIOS, ES INMENSO COMO EL UNIVERSO.
Que Dios te bendiga.
Padre Miguel Mufrege

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